sábado, 17 de marzo de 2012

Constructores de personas.

Este texto periodístico escrito por Eugenia Jiménez trata un tema de bastante actualidad como es el de las nuevas generaciones y su educación. Esta mujer que trabaja como psicóloga y orientadora no puede si no criticar la forma en la que los niños son criados hoy en día, sobre todo al comparar esta con su educación. Como bien afirma Eugenia cada vez hay más adolescentes que no quieren trabajar, ni estudiar, estos son personas cuya vida gira en torno a sus deseos y apetencias en cada momento. Hay que decir que Nietzche no andaba mal encaminado en su predicción sobre la aparición de los superhombres del futuro, cuyo fin en la vida es vivirla sin más preocupaciones.

Eugenia basándose en las visitas de distintas familias que ella recibe como orientadora en un instituto, ha creado su propia teoría. Esta afirma que la culpa de todos estos superhombres proviene de sus padres, para Eugenia la mayoría dan a sus hijos todo cuanto quieran de forma que finalmente su hijo pierde el control y puede hasta con ellos. Se ven así madres depresivas en numerosos programas de televisión con hijos que lejos de sentir un gran amor y respeto por ellas se dedican a insultarlas en cada momento.

¿Cómo se debe educar entonces a los hijos? Esta psicóloga responde a esta cuestión poniendo como ejemplo su infancia y la educación que recibió de sus padres. Estos le restaban placeres en el presente y le enseñaban que no se puede tener todo, de este modo estos esperaban que sus hijos fueran felices en el futuro. Además sus padres le enseñaron que para tener una buena vida hay que ser una persona trabajadora y les dieron todos los pasos desde pequeños para que en un futuro ellos fueran capaces de seguir solos. En mi opinión en esta parte de la educación fallan muchos padres, ya que no les enseñan a sus hijos a ser independientes , si no que se lo daban todo hecho. Para mí esto provoca que cada vez haya más estudiantes que no viven con sus padres pero que no saben ni hacerse un huevo frito. La autora de este texto afirma además que sus padres la enseñaron a tener una presencia corrigiendo sus andares o pronunciación y aunque no cumpla con todas estas enseñanzas, sus padres de este modo le han inculcado la idea de construir correctamente a un ser humano, idea que ella inculcará a sus hijos.

Todos estos son consejos que Eugenia dará a las familias que la visitan debido a la falta de futuro de sus hijos, recordándoles también que aunque la ciencia afirme que el carácter de una persona va en los genes, para ella este en gran medida va en la educación familiar que reciben los niños. Dato con el que estoy totalmente de acuerdo y que se verifica con familias de padres problemáticos que acaban transmitiendo este carácter a sus hijos.
Hay en este texto también un parte con la que no puedo estar más de acuerdo. Esta habla sobre el daño que los hijos producen a sus padres, daño que no se daría si antes los padres hubiesen frenado a los hijos. Aunque estos hubieran llorado, estas lágrimas no tendrían ni la milésima parte de la importancia de la que tendrían las lágrimas de padres decepcionados y con un sentimiento de fracaso al ver las personas que han formado.

Finalmente la autora de este texto ironiza un poco esta situación proponiendo que al igual que la dieta mediterránea ha sido declarada patrimonio de la humanidad por ser saludable. De este mismo modo la educación de antaño y todos los refranes mediterráneos que hablan de esta deberían ser igualmente declarados.

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